«El pelo es un maquillaje biológico. Sin él, el hombre queda expuesto a la intemperie del sentido; es un signo puro, sin adornos, una calavera que se ha adelantado a la muerte.»
Alan Pauls
I Coartadas
Balding scrub
«El gran trauma no es la caída del pelo, sino la caída de la fe en que el pelo todavía está allí.» ridículo.
Alan Pauls
El catálogo del ridículo. Aquí diseccionamos a los cobardes que creen que un sombrero, una gorra o un mechón de pelo estirado desde la oreja (ese patético artilugio) puede ocultar el desierto. Son los ilusionistas de la pelusa, hombres que viven en el simulacro, escondiendo su calva bajo telas y excusas. Fotografiarlos es un acto de de justicia: les recordamos que ya sabemos lo que hay debajo.












II Rapadas
Slapheads
«Raparse es un suicidio preventivo: matar el pelo antes de que el pelo nos abandone.»
Alan Pauls
La estética de la rendición. Cuando el engaño falla, llega el rapado: la «solución final» del calvo. Aquí el sujeto intenta disfrazar su alopecia de elección estética, como si cortarse los cuatro pelos que le quedan fuera un acto de rebeldía y no un reconocimiento de su propia obsolescencia. Son cabezas desolladas, paisajes de piel de gallina y folículos muertos que gritan: «Me he rendido».












III Pulidas
Chrome Dome
«Nada hay más obsceno que un rostro que no sabe dónde termina, que se prolonga más allá de sus límites naturales hacia una llanura de carne desierta.»
Alan Pauls
La apoteosis de la obscenidad. El fin del calvario es este: una bola de billar andante. Cráneos pulidos, aceitados y brillantes que reflejan la luz con una insolencia insoportable. No hay nada más pornográfico que una cabeza lustrada; es el hombre convertido en objeto mineral, un espejo de carne que nos devuelve una imagen deforme de la realidad. Es el triunfo del brillo sobre la inteligencia.










